Mineápolis, la batalla de una ciudad en “estado de sitio”
Miles de manifestantes se reunieron para protestar contra la política de inmigración de D.Trump y las acciones de ICE en Minneapolis el 30 de enero de 2026. AP - Adam Gray
Desde hace meses, la ciudad de Mineápolis vive bajo tensión. Lo que comenzó como un operativo federal contra la inmigración irregular terminó transformándose, para muchos de sus habitantes, en una experiencia cotidiana de miedo, vigilancia y resistencia organizada. Pasamos unos días en compañía de militantes y voluntarios, quienes contribuyeron a que Donald Trump diera su brazo a torcer en un ámbito clave de su política doméstica, la lucha contra la inmigración.
Desde hace meses, la ciudad de Mineápolis vive bajo tensión. Lo que comenzó como un operativo federal contra la inmigración irregular terminó transformándose, para muchos de sus habitantes, en una experiencia cotidiana de miedo, vigilancia y resistencia organizada. Pasamos unos días en compañía de militantes y voluntarios, quienes contribuyeron a que Donald Trump diera su brazo a torcer en un ámbito clave de su política doméstica, la lucha contra la inmigración.
“¡Por favor, díganle al resto del mundo que no estamos de acuerdo
con esta estúpida mierda! No nos parece bien el fascismo. ¡No nos
parece bien que vengan a nuestras comunidades, que nos maten y
piensen que simplemente nos van a joder!”, nos dice Kelly. Las
lágrimas de esta profesora y activista, resumen el sentimiento de
una parte de la población frente a la presencia reforzada de agentes
federales antiinmigración en la ciudad.
Una operación federal sin precedentes
En diciembre 2026, el presidente Donald Trump envió a 3.000 agentes
adicionales en el marco de la mayor operación migratoria del país,
bautizada “Metro Surge”. El despliegue del Immigration and
Customs Enforcement (ICE) marcó un antes y un después en este
estado del norte de Estados Unidos.
La presencia de vehículos sin identificación clara, operativos
sorpresivos y agentes armados generó una sensación de “estado de
sitio”. Vecinos describen una ciudad en estado de choque y de hiper
vigilancia permanente.
Vivir con miedo: el caso de Rosa
Rosa* nos recibe en un automóvil que no es el suyo. Está embarazada
y teme ser detenida. Aunque su situación migratoria es regular, el
riesgo de ser arrestada y eventualmente deportada la mantiene
prácticamente confinada.
Desde hace tres meses casi no sale de su casa. Está separada de su
compañero, que vive cerca de su lugar de trabajo. Su única salida
es para ir a trabajar, y lo hace gracias a María, una voluntaria que
le garantiza el traslado diario. Como Rosa, miles de migrantes en
Mineápolis han reducido su vida a lo mínimo indispensable.
Los “ICE Watchers”: la resistencia ciudadana
Frente a las detenciones masivas, surgió una red ciudadana de
observadores conocida como “ICE Watchers”. Profesores,
estudiantes, obreros, exmilitares, ingenieros y vecinos sin
afiliación política formal se organizaron para monitorear los
movimientos de los agentes.
Ángela es una de ellas. Durante su turno de vigilancia explica el
protocolo: siempre en parejas, una persona conduce y la otra observa
y reporta. Ante las armas de los agentes de ICE, quienes patrullan
con medios y armas militares, los ciudadanos utilizan silbatos y
bocinas para alertar a la comunidad cuando detectan operativos, y se
comunican mediante mensajería encriptada las 24 horas del día.
También registran placas de vehículos a través de una aplicación
desarrollada por la propia red.
Uno de los puntos neurálgicos es el edificio federal conocido como
Whipple Building, donde se concentran observadores y manifestantes.
Allí mantienen un piquete permanente para contabilizar detenciones y
visibilizar su rechazo a las acciones del ICE.
Solidaridad bajo cero
A pesar de temperaturas que oscilan entre los -20 y -30 grados, Kelly
permanece sentada tras una mesa improvisada, sirviendo sopa caliente
y recolectando donaciones.
“Hoy estoy aquí para asegurarme de que la gente esté bien
alimentada y abrigada. Soy maestra y mi escuela es 93 % no blanca.
Mis alumnos son mis hijos. Y este régimen viene a buscar a mis
hijos. Lloro con lágrimas de rabia. ¿Por qué hacen esto?”, se
pregunta.
Las dos víctimas mortales de los operativos -Renee Good y Alex
Pretti- eran ciudadanos estadounidenses, militantes anti-ICE. Sus
muertes conmocionaron a la ciudad y reforzaron la percepción de que
la violencia había superado el marco migratorio.
Un enfrentamiento político abierto
El gobernador demócrata de Minesota, Tim Walz, denunció lo que
calificó como una “ocupación federal”.
“Esta ocupación dejó de ser un asunto de control migratorio. Es
una campaña de brutalidad organizada contra la gente de nuestro
estado. Queremos que la calma y la normalidad regresen. Ellos quieren
el caos”, declaró, pidiendo públicamente a Donald Trump que
retire las fuerzas federales.