Según el reporte de la Secretaría de Ecología y Medio Ambiente de Quintana Roo, hasta el 20 de septiembre de 2026 se habían recolectado 133.646 toneladas de sargazo, superando por segundo año consecutivo el récord anterior, de unas 98.000 toneladas registrado en 2025.
Según el reporte de la Secretaría de Ecología y Medio Ambiente de Quintana Roo, hasta el 20 de septiembre de 2026 se habían recolectado 133.646 toneladas de sargazo, superando por segundo año consecutivo el récord anterior, de unas 98.000 toneladas registrado en 2025.
En Quintana Roo ya se habían recolectado 133.646 toneladas de sargazo hasta el 20 de septiembre, una cifra que superó el récord registrado apenas un año antes. La temporada 2026 se convirtió así, por segundo año consecutivo, en la de mayor cantidad de sargazo retirado de las costas del estado.
El sargazo, que llega a las costas en grandes cantidades, comienza a descomponerse bajo el intenso calor del Caribe. Durante ese proceso libera gases que pueden resultar perjudiciales para la salud humana, además de provocar malos olores, alterar la calidad del agua y afectar gravemente los ecosistemas marinos.
La magnitud del fenómeno llevó a representantes de distintos países del Caribe y de la Unión Europea a reunirse a comienzos de octubre en Cancún para analizar posibles respuestas frente a una problemática que dejó de ser excepcional y se repite cada temporada con distinta intensidad.
¿Por qué aumenta el sargazo?
La bióloga mexicana Rosa Elisa Rodríguez Martínez, investigadora del Instituto de Ciencias del Mar en la Costa de Quintana Roo, explicó que existen distintas hipótesis para comprender el crecimiento extraordinario de estas algas.
Una de ellas relaciona el fenómeno con el cambio climático y las modificaciones en los patrones de vientos y corrientes marinas. De acuerdo con la especialista, el sargazo que originalmente se encontraba en el Mar de los Sargazos comenzó a desplazarse hacia una zona del Atlántico tropical frente a las costas de África.
Allí encontró condiciones favorables para reproducirse: mayor disponibilidad de nutrientes, aguas más cálidas y una mayor cantidad de horas de luz solar.
Ese proceso habría favorecido el primer gran crecimiento registrado alrededor de 2010 y 2011. Desde entonces, las condiciones ambientales permiten que el fenómeno vuelva a repetirse cada año.
Un impacto que alcanza a todo el ecosistema
La acumulación de sargazo en las playas no representa solamente un problema estético para los destinos turísticos. La descomposición de las algas genera una serie de modificaciones en el ambiente costero.
Rodríguez Martínez explicó que el material acumulado puede provocar erosión, malos olores y la emisión de gases. Además, cuando se descompone, libera líquidos oscuros que llegan al mar y pueden transformar el agua costera en un color marrón intenso.
Ese proceso modifica parámetros fundamentales del ecosistema: disminuye el oxígeno, altera el pH y aumenta la presencia de sulfuros, nitratos y actividad bacteriana.
Uno de los sectores más afectados son los pastos marinos. La reducción de la luz y del oxígeno puede provocar su deterioro o muerte. Estas plantas cumplen, además, una función fundamental en la protección de las costas, ya que sus raíces ayudan a retener la arena y reducir la erosión.
El turismo también paga el costo
El impacto ambiental tiene una consecuencia directa sobre la economía de la región.
Las playas cubiertas de sargazo, los malos olores y el deterioro de la calidad del agua afectan la actividad turística en uno de los principales destinos del Caribe mexicano.
La especialista señaló que ya se observan consecuencias en localidades como Tulum, donde el fenómeno provocó un descenso importante de la actividad turística.
Para los municipios costeros, el problema supone además un enorme esfuerzo logístico y económico para retirar las algas de las playas y evitar que continúen acumulándose y descomponiéndose.
La preocupación por la salud de los trabajadores
Uno de los aspectos que genera mayor preocupación es la exposición de los trabajadores encargados de retirar el sargazo.
Investigaciones realizadas por el equipo de Rodríguez Martínez se concentraron especialmente en el sulfuro de hidrógeno, uno de los gases liberados durante la descomposición de las algas y responsable del característico olor a huevo podrido.
Según la especialista, las mediciones realizadas entre trabajadores que manipulan el sargazo encontraron concentraciones que superaban los límites establecidos por las normas oficiales mexicanas para una exposición laboral de ocho horas.
Los trabajadores reportaron distintos síntomas, entre ellos irritación de los ojos, la nariz y la garganta, náuseas, vómitos, dermatitis, dolores de cabeza y mareos.
También se registraron casos de personas que ingresaron al agua en zonas donde había sargazo en descomposición y sufrieron quemaduras. Algunos trabajadores incluso señalaron problemas en las uñas de los pies después de permanecer en contacto con el material.
Un problema que exige nuevas respuestas
El sargazo dejó de ser un fenómeno aislado para convertirse en un desafío ambiental permanente para México y otros países del Caribe.
Su impacto alcanza simultáneamente a los ecosistemas marinos, las playas, el turismo, las economías locales y la salud de quienes trabajan directamente con estas algas.
Mientras los arribos continúan alcanzando dimensiones extraordinarias, científicos y autoridades buscan alternativas para anticipar su llegada, reducir sus efectos y encontrar formas seguras de retirar y aprovechar un recurso que, por ahora, representa principalmente un problema creciente para las costas del Caribe.